31Ene

Noticia... para bien o para mal

Los traductores hemos sido portada por una vez con motivo del udo de las lenguas autonómicas en el Senado... aunque sea envueltos por la polémica. Al margen de las consideraciones acerca del coste de la interpretación, de la necesidad de traductores en un foro en el que el todos los senadores conocen el castellano y de las críticas sobre la oportunidad de esta medida en plena época de crisis y recortes  subyace una pregunta: ¿Qué es una lengua? ¿Un medio de comunicación o un rasgo de identidad? ¿"eT digo esto" o "así soy yo"?

Sin duda, ambas cosas. La lengua es el vehículo en el que se transmiten ideas y emociones, la herramienta en la que la historia ha transportado ciencia, literatura, filosofía, arte, historia, costumbres y valores a lo largo de los siglos. Pero también es un elemento inseparable de la esencia de cada ser humano. Si los límites de nuestra lengua son también los de nuestro conocimeinto, el idioma en el que nos representamos el mundo no es una cuestión menor.

La dimensión cultural de las lenguas como rasgo básico de la identidad de los humanos ha sido la causa por la que políticos y gobiernos han tratado de imponerlas, suprimirlas, modificarlas, manipularlas y erradicarlas aplicando a este objetivo todo el aparato estatal. Junto con la religión y la raza, la lengua ha sido uno de los motivos de persecución más frecuentes en todo el mundo. Porque el idioma no es sólo un medio de comunicación, sino un conglomerado histórico que lleva asociadas connotaciones históricas, jerárquicas, económicas, sociales y culturales, filias y fobias y, con ellas, heridas mal cerradas.

A la hora de abodar el uso de las lenguas autonómicas en el Senado español, numerosos foros de traductores profesionales, especialmente los extranjeros, han evocado la antigua cuestión de la represión de dichas lenguas durante la dictadura franquista y de cómo la protección y rehabilitación de las lenguas autonómicas pasó a ser una de las banderas de la transición hasta convertirse en todo un símbolo de la nueva democracia. En los numerosos artículos de opinión sobre el tema, las palabras confrontación, vertebración y política no dejan (no pueden dejar) de repetirse.

En un contexto de libertad lingüística histórica, tales argumentos estarían descartados y el uso de una lengua frente a otra estaría guiada por criterios de viabilidad, comodidad, racionalidad, sostenibilidad, economía, practicidad, educación, preferencia, sensibilidad y, sobre todo, sentido común. En un mundo ideal, en las elecciones lingüísticas imperaría la vertiente comunicativa, el puente entre culturas que las lenguas siempre han sido, frente a la de reivindicación de una identidad.

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